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| Julio, 1997 |
Tremenda casa en la que me había metido, ¿cómo no acordarme de ella? de madera, con olorcito a húmedo cálido, perdida en casi el centro del bosque, alejada de todo mal citadino que pudiese encontrarse con esa casa. Sabía en los problemas que estaría metida, ni modo si era tan solo una chiquilla ilusionada que andaba por ahí rondando hasta que alguien la rescatase, y sabía que no lo volvería a ver, después de tantos despojes y escabullidas de mi hogar no regresaría más a mi pueblito amado. Supe que esa noche solo lo necesitaba a el, había gente que me entendía si, pero nunca como el, de modo que como instinto solo pensé acudir a el, aunque el no me necesitara a mí. Me sentía tan perdida, no sabía que hacer o qué decir, estaba harta de los gritos que oía en mi casa, nunca había lo que yo más necesitaba: paz. Nunca escuché ese termino salir de la boca de mis padres durante toda mi adolescencia, la única que tenía paz era mi hermana porque ya no vivía en esa casa, huyó a un lugar mejor, donde existía una vida mejor, cosa que descubrieron mis padres, pero luego ya no les importó. Estaba devastada con los maltratos, que hasta la empleada se desquitaba conmigo, todos en esa casa, no hogar, casa, me herían constantemente. ¿Y yo? ¿yo que tenía a mi favor? Tan solo las llamadas de mi hermana Abril, y a mi perrito Copito. Me largué en la caída de la noche con unos truenos tremendos, a sollozar a otro lado donde nadie me escuchase, a caminar y conversar con mi alma un rato, preguntarle como estaba, si necesitaba algo, si se sentía necesitada de vida como yo... Si se encontraba conforme en el cuerpo en el que estaba. Rato después me di cuenta que sin si quiera pensarlo estaba caminando a su casa, en tan grande pueblito, en tan grande bosque tan alejado de lo citadino pudiéndome perder, no me perdí y seguí larguito el camino hasta su casa. Empezó a llover, ya no había tiempo para regresar a casa, así que me sente en la orilla del lago de su casa a llorar y sollozar como niñita perdida, otra vez. Ni si quiera tuve que llorar en alto, las luces se prendieron y ahí estaba el, ya sabía que era yo. Así que tomo asiento en la mesa que estaba en su pórtico a la entrada de su casa, y esperó. No pensaba ir hasta allá, me encontraba muy triste y con la cara demasiado salada como para acercarme, así que decidió venir y sentarse conmigo en la orilla del lago, ni si quiera saludó, solo se sentó a callar conmigo, esperó, se le empapó toda la ropa. ''Vamos, ven conmigo'' me dijo, sus padres estaban arriba durmiendo y el sabía que no me podía tener en su casa a la noche, pero hizo caso sumiso y me entro. Supongo que me hizo pasar a su casa por la lluvia, o por pena, qué se yo, pero entro todo mojado a su casa conmigo de la mano, me dijo: ''Toma asiento, ve a lavarte la cara que no te quiero así salada'' subió, no sé para que, pero de todas maneras no sé porque me mandó a lavar la cara si de todas maneras iba a llorar de nuevo y no serviría de nada. Bajó con una camisa de el, y una colcha, oh mierda, me conocía tan bien como para haberme traído una de sus camisas, pensé, me reí, me sequé las lágrimas y gentilmente cogí la camisa y la colcha. El también se trajo una para que no me sintiese culpable, solo me miraba despeinarme el cabello para sacudir el agua como perrito, y esperó a que me acomodara con la camisa y la colchita.
Nos miramos fijamente un rato, hasta que habló:
-¿Qué te trae por aquí?
-La tristeza.
-Ya sabía.
-¿Para que la pregunta entonces?
-Porque quería escucharlo de tu boca.
-Entonces sí.
-¿Porqué no llamaste en todo este tiempo? Te extrañé.
-Borré tu número.
-¿Porqué?
-Porque no me servía de nada tener un número el cual no frecuentaba.
-¿Por qué solo acudes a mí cuando estas en estas situaciones?
-Bien sabes porqué.
-Explícame.
-¿Acaso quieres satisfacerte con escucharme decir que solo tú me entiendes como quiero que me entiendas? Que solo tu me escuchas profundo sin cansarte ni abrir la boca hasta que termine? ¿Qué no lo sabes? ¿Qué solo tú me acomodas como yo quiero que me acomodes? ¿Qué eres el único a quien no puedo odiar? ¿Qué solo tú me sacas casillas y me calmas al instante? ¿Que solo en ti puedo respirar tranquila? ¿Eso era lo que querías escuchar? ¿Ehh? ¡¿Ehh?!
Estaba hecha un manojo de nervios, las piernas me temblaban como no tenían idea, ni si quiera me podía sentar bien, así que me descargué y me eché a llorar. Se sentó al lado mío a apachurrarme para que me calme y me abrazó y me habló despacito al oído, me dijo que el estaba aquí, si ya lo sabía pero me hacía falta escucharlo. Ya después de contarle mis penas y desgarres, el me contó los suyos, porque sabía que yo era la única que lo escuchaba, luego vinieron las risas, el chocolate caliente se había acabado, mis piernas no paraban de temblar, sentía como si la lluvia siguiese cayendo encima mío mojándome, matándome de frío las piernas, no podía dejar de temblar. Ni si quiera nos habíamos besado aún, solo nos mirábamos fijamente por largo rato sin decir ni una sola palabra, era como, como si.. como si pudiese leer su mente, era imparable, luego el solo subió y fui detrás de el hacia su habitación, no sabía que iba a pasar esa noche, y no me importó lo que fuese a pasar la mañana siguiente, me dijo que algún día recordaré esta habitación de ventanas blancas, igual que su alma, de ventanas blancas. Así que en la oscuridad de la luna solo nos acostamos y reímos en voz baja y nos miramos hasta que nos quedamos dormidos. Me desperté en mi cuarto con mi empleada haciendo mis maletas y los carros abajo esperándome, ni si quiera sabía a donde me iba, pero ya sabia que me obligarían, y no quería si quiera imaginarme en que problemas estaría el, pero fue la mejor noche de mi adolescencia. Así toda empijamada mi mamá me tomó de el brazo y me subió al carro sin si quiera decirme nada, me tiró una carta en la cara y le dijo al chófer que avance. Mi madre me mandó a un lugar ciertamente lejano de mi pueblito, me dijo que no regresaría hasta que olvide la cara de ese muchacho, pero nunca lo olvidaría, jamás, en ninguna de mis épocas lo olvidaría, ni si quiera de vieja. Ya ahora estoy grande, ya mismo termino la U, me falta menos de un semestre para mi graduación, la verdad es que aún recuerdo todo esto como si hubiese sido ayer, no hay día que no lo piense, aunque no he tenido contacto con el en más de dos años, no lo olvido, aún tengo su número telefónico en mi libreta de emergencias, lo llamaría pero no, soy muy cobarde para hacerlo. Cómo lo extraño, me pregunto si seguirá igual, si será el mismo entendedor y amador de siempre, si habrá cambiado, si habrá conseguido otra chica, mejor o peor que yo, si seguirá viviendo en su casa. Y lo más irónico de todo esto, es que tres veces cada semana, cayendo al atardecer, el tren que tomo pasa justo por el bosque con la casa donde vivía el, y paso viendo el lago, los mismos árboles, el mismo techado, el mismo pórtico pero sin las sillas, las mismas ventanas y la casa que algún día iba a ser nuestra. Pues supongo son cosas del destino que no sucedieron ni se dieron. Pero dime tú, ¿de qué se vive si no es de amor?